Desde aquí arriba, toda la costa del Algarve parece sacada de una postal: un litoral sospechosamente perfecto, el campo de golf Palmares, el estuario de Alvor serpenteando como si intentara escapar de un examen de geografía, Alvor, Portimão, el río Arade, Ferragudo, Carvoeiro, la bahía de Armação de Pêra y Albufeira, que se intuye en la bruma. El océano Atlántico completa el resto del encuadre, con su azul profundo fundiéndose con el cielo sin un horizonte visible.